No nos querían

Para Ibón S. Rosales, porque lo prometido es deuda. Y porque lo que ha unido la poesía, no se separará nunca.

No nos querían. Pero decidimos volvernos ciegas a las evidencias; a los silencios, a las desapariciones, a los desplantes y a las incoherencias. Decidimos también desoír aquellas voces de los que sí nos querían, construyendo un muro de terquedad a nuestro alrededor que nos aisló de la verdad. Decidimos, intoxicadas por los malditos tópicos del amor romántico, perdonar por encima de nuestras necesidades y de nuestros principios. Y ahora, desde la soledad que provoca el abandono, descubrimos con estupor que no podemos perdonarnos a nosotras mismas.

No nos querían, pero en aquella ceguera nuestra ignoramos el hecho que estábamos solas, mucho antes, quizás desde siempre. Olvidamos a conciencia que la segunda acepción de “amor” es “compromiso”. Y nos dedicamos, incansables, a entenderlo todo, a justificarlo todo. Cuando en realidad quien quiere estar contigo, está contigo; sin cortapisas, sin excusas, sin más complicaciones. Cuando en realidad quien quiere estar contigo busca en tu alma y en tu piel un refugio, un espacio para compartir y sentir la vida; un lugar en donde caben la risa y el llanto, la alegría y la pena. Porque eso, precisamente eso, es el amor.

No nos querían, y en realidad, bajo nuestro amor, (porque, nosotras, sí les queríamos) escuchábamos el sonido amortiguado de este secreto a voces. Y empezamos a desconocernos, a hacer cosas de las que no nos sentimos orgullosas. Cosas que nacían de la inseguridad y el miedo, de la duda y de la desesperación. Y ahora, que nos hemos quedado con las manos vacías, nos dedicamos a escuchar el sonido atronador de la que ahora es la pregunta del millón: ¿quién soy?

No nos querían, y porque ahora lo sabemos, odiamos el tiempo. El tiempo que invertimos y que ahora consideramos perdido (ya verás que en realidad, es solo tiempo vivido); el tiempo del que todo el mundo nos habla como la panacea, como la cura, y que a nosotras nos da risa. Porque el tiempo es elástico y mentiroso, y en los días buenos trascurre en segundos, y en los malo, dura tres otoños. Qué nos van a contar a nosotras del tiempo, cuando cada mañana, frente al espejo del baño, mientras contemplamos los estragos de la noche en nuestro rostro, no dejamos de preguntarnos “¿hasta cuándo?”.

Ahora ya solo nos queda lugar para la esperanza. La esperanza de la sanación y del reencuentro con nuestra identidad, y el tratar de averiguar, desde nuestra recién estrenada dignidad (no la pierdas, es de las pocas cosas que nos quedan en esta caja de Pandora abierta), en dónde coño se nos quedó, perdido, el amor propio. La esperanza de poder asumir que el olvido es imposible, y de que el objetivo real es recordar sin dolor. La esperanza de que todo cambio es oportunidad, y que hay que aprender, porque aprender es la mejor forma de vivir. Y de que todo pasa, de que todo muere pero también nace, de que un día no muy lejano volveremos a sonreír, y que esa vez, la primera en siglos, será de verdad.

La esperanza de volver a ser libres. En definitiva, de volver a ser nosotras. Desde estas líneas, te invito a compartirla conmigo.

2 comentarios en “No nos querían

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